XXIIIEBCF

o feminino

infamiliar

dizer o indizível

ARGUMENTO

ARGUMENTO

Lo feminino infamiliar – Decir lo indecible

Marcela Antelo (AME AMP/EBP)
Iordan Gurgel (AME AMP/EBP)

Lo femenino es uno de los nombres del malestar de la época. No es la primera vez que él nos convoca. Podemos anticipar que no será la última. Un encuentro de la estofa de los nuestros se inspira en un programa de investigación que agita y pone en movimiento nuestra comunidad y sus múltiples litorales. Partimos siempre de un no sabido y, en esta ocasión, deberemos contar también con un imposible de saber. Esta vez, nos interesa extender el límite de lo decible sobre lo femenino más allá de nuestra “dicencia” cotidiana.

Animados por este deseo, quisimos cruzar lo femenino con esa cualidad de la sensibilidad que presenta lo que Freud llamó Das Unheimliche, experiencia que cuenta con cien años de elucidación. Este cruce ya ha sido realizado por varios autores en los litorales de nuestro campo. Nos anima el deseo de decirlo de una manera Otra, de llegar a ese affaire con un Witz James Joyce: “[…] donde la mano del hombre jamás ha posado el pie”[1].

El fenómeno de la inquietante extrañeza parece estar en Freud desde el abordaje de sus histéricas y de sus síntomas, que mostraban cuerpos fantasiosos que llamaban la atención por los extraños efectos que presentaban en la subjetividad. Lo femenino estaría relacionado con la imposible representación simbólica de la experiencia del sujeto con su cuerpo – que, por ser la más íntima y extraña, no se puede compartir.

Más precisamente, mujeres aparecen en “Das Unheimliche” de Freud, de 1919, cuando argumenta sobre el factor de repetición como fuente del “sentimiento infamiliar”[2], que supone no ser fácilmente reconocible por todos.

Se trata de una caminata aleatoria de Freud, “cierta vez que en una calurosa tarde yo deambulaba por las calles vacías, para mí desconocidas, de una pequeña ciudad italiana fui a dar en un sector acerca de cuyo carácter no pude dudar mucho tiempo”. Es imposible no citarlo para cernir la sal de nuestra investigación. “Sólo se veían mujeres pintarrajeadas que se asomaban por las ventanas de las casitas, y me apresuré a dejar la estrecha callejuela doblando en la primera esquina”[3].

Freud falla, no puede huir, da vueltas y vueltas para terminar condenado a lo que él llama de retorno involuntario al mismo lugar, las coloridas ventanas femeninas. Desamparo e infamiliaridad, sentimientos de la norme/mâle. Busca el interruptor de la luz de la habitación oscura y, como la piedra en el medio del camino con la que el Campo Freudiano en el Brasil tiene intimidad, se tropieza con un mueble.

¿Freud huye de qué? ¿Un fondo de garganta, una Medusa, ¿una mantis religiosa devoradora? El camino fácil es hacer una lectura edípica, fálica, invocar la segunda condición erótica y la secretamente familiar proximidad de Dirne-Mae, la Dirnenhaftbarkeit, la “condición de puta” y fundamentar el rechazo de la femineidad; un Freud que no duda en partir. Ya conocemos el síndrome del Trem das onze[4].

¿De qué fuego hacen signo esas ventanas abiertas y esas boquitas pintadas?, ¿ese barrio exhibicionista[5] que provoca? ¿Es suficiente señalar el nudo del deseo y la defensa en la Otra escena? ¿O hay algo de lo no sometido a la castración en estas mujeres?[6] ¿Qué opacidad atrae sus pasos de regreso? ¿Por qué retorna y retorna y convierte ese retorno en ejemplar de una experiencia unheimlich?

La caminata en el “espacio entre dos mundos […] indica el pasaje del mundo cerrado al universo infinito”[7]. En esa caminata, Freud saca a la luz la experiencia de lo que no existe, de lo que ek-siste. El goce femenino y la experiencia unheimlich acontecen en el cuerpo y “No es fácil para los seres hablantes en general tratar con el cuerpo femenino”[8]. En general, sea cual sea la puerta de segregación urinaria que elijan, el goce como tal, teorizado a partir del goce femenino, “es neutro”, dijo recientemente en witz Miquel Bassols.

En este recorrido, verificaremos si lo femenino infamiliar funciona como una vía de acceso a todo un campo que el psicoanálisis aborda: en la clínica, en la episteme y en la relación con otros saberes.

Prepararemos las linternas, las velas y, por qué no, nuestros teléfonos móviles, para adentrarnos, no tan al acaso, armados con mapas, migas de pan, pintadas a los costados de la carretera, en lo demasiadamente cercano femenino, infamiliar. La invitación es para decir lo que encontramos.

Salvador, Bahia, Janeiro 2020.

 


[1] Joyce, James. Finnegans Wake. Traducido por: Marcelo Zabaloy. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: El Cuenco del Plata, 2016. p.203.
[2] Freud, Sigmund. “Lo ominoso”. IN: Obras completas, Tomo XVII, Amorrortu Editores, Bs. As., 2003, pp. 236-237. También: “Lo siniestro”, segundo tradução de Lopez-Ballesteros y de Torres. Tomo 3. Madrid: Biblioteca Nueva. p.2495.
[3] Ibid. p. 237.
[4] El samba Trem das onze, canción de Adoniran Barbosa, 1964, es el lamento de un hombre que tiene que dejar su cita para tomar el último tren ya que su madre no duerme hasta que él no llegue.
[5] Lacan, Jacques. [1964] El seminario, libro 11, Los quatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós, 2010. p. 83. «El mundo es omnivoyeur, pero no es exhibicionista – no provoca nuestra mirada. Cuando empieza a provocarla, entonces también empieza la sensación de extrañeza”.
[6] Miller, Jacques-Alain. “O ser e o Um”. Orientation lacanienne III, 13, Cours n. 5. Leçon 2/3/2011. «[…] ça dit qu’il y a quelque chose chez les femmes qui n’est pas pris dans la castration. Et c’est pourquoi Lacan pouvait dire, écrire, d’une façon qui a pu surprendre, que c’est de ce côté -là que gît le mystère, ce qui fait mystère de la jouissance féminine ». p. 10.
[7] Vieira, Marcus André.  “A inquietante estranheza do fenômeno à estrutura”.  IN: Latusa, n. 4, Rio de Janeiro, EBP-Rio e Contra Capa, 1999.
[8] Brousse, Marie-Hélène. “L’objet caché des femmes” La cause du désir, n. 94. Paris : L’École de la Cause freudienne, 2016. p. 53.
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